
EL RÍO
MEDELLÍN
Foto tomada de Vivivrenelpoblado.com
Una crónica sobre la habitabilidad del costado sur de la ciudad, el fracaso de la necesidad industrial para canalizar y el papel de los ciudadanos cercanos al río.
Los dinteles del intercambio vial Felipe Hoyos tienen murales en sentido contrario al tránsito de la avenida sur; uno de ellos es una sonriente flor de pétalo acorazonado invitando a decir con orgullo “quiero a Medellín”. Un hombre arroja al río el embalaje de su basura a la mirada, única, de los motociclistas que esperan el llamado para algún servicio de mensajería; el corazón de Medellín está sucio.

Mural en sentido contrario, "Quiero a Medellín". Iván Vega (2023)
El hombre más rico del mundo
Aquel hombre ávidamente me saludó. Lo saludé y seguí mi camino a través del dique entre la carretera y el río. Desde un cambuche en la rivera, Albeiro Aguirre veía el metro llegar a la Aguacatala.
-Llevo cuatro años en el río. Treinta y cinco o más en la calle: nací para ser libre. Acá nací, aquí moriré; esta es mi patria, mi tierra - dirigiéndose de reojo al río. Es hermoso. Desde que está la planta de tratamiento (San Fernando) hasta peces ve uno por ahí. Y, cuando se pone guapo si…
-¿Cómo es cuando se pone guapo? - pregunto buscando darle ocasión a comenzar su idea.
-Ay, ese loco se sube hasta…
-¿Hasta acá? -señalé al nivel de la autopista.
-Sí! Una vez me acosté allá (al lado de unos árboles en la rivera) porque estaba haciendo mucho calor. Me quedé roncando. Desperté luego con un frío que claro, resulta me había mojado ya hasta la mitad del cuerpo. Recuerdo a un muchacho dormido en uno de los aliviaderos del río. En una de sus crecidas se lo llevó. El muchacho conoce al río como la palma de su mano y despertó del sueño buscando con el tacto las varillas salientes de las piedras lisas del canal; ahorita vive del río, bajando chatarra y bajando de todo.
Conversamos sobre la canalización del río porque dijo ser mecánico industrial. Adoptando una postura didáctica, casi pedagógica, confesó que el cemento del canal se está hundiendo por la fuerza del río. Me pidió asomarme al tercer árbol de nuestra derecha para ver entre ellos y los remolinos, los esquinados bloques de cemento. Si bien resaltó las reparaciones que vienen realizando en los muros de contención porque “están desbaratando el muro completamente”, piensa que de todas maneras eso se va a hundir.
-¿Cree que lo verá hundir?
-Sí.
-¿Le duele ver al río así?
-Al río le han quitado toda la libertad. Se han apoderado de él y le hicieron gavilla entre toda la sociedad. Las personas no entienden de la ecología, que esto es un pulmón del mundo, los árboles son el oxígeno que nos sostiene. Yo soy un bobo avispado, muchacho.
Después de una pausa mínima, encendió un cigarrillo Marlboro. “Por decir el nuevo presidente. Me preguntan por el nuevo presidente”- yo no lo había hecho. "Él no deja de ser lo que fue, pero ahora tiene poderes legislativos, judiciales y ejecutivos. Su primer viaje fue a Roma” - En realidad, su primer viaje fue a Perú. “Reclamó todos los tesoros que se llevaron los españoles y los romanos” - Lo más reciente fue el intento por sabotear una subasta de piezas arqueológicas en París. “Vendió el país. ¿Por qué tenemos que cambiar nuestra identidad si nosotros tenemos identidad propia? Teníamos. Le vendió el país a Román al 51%” - Dijo visiblemente ofuscado. “Ya somos pobres, lo que era nuestra identidad propia como Coltejer, Coltabaco o EPM ya no existe. Vendimos hasta el aire”.
-¿Se considera pobre? -pregunté ante las carencias mencionadas.
-No -Dijo sin vacilaciones. Soy el más inteligente; el más feliz por este silencio y esta paz que me da el río. Yo soy el hombre más rico del mundo.
La vivienda del sur
Me invitó a quedarme en su casa cuándo quisiera. Al principio pensé que era una broma de mal gusto, pues “el sur no es para vivir”, aquello era casi una convención justificada en la dirección de los aires que entran al valle de Aburrá; pero nadie puede negar que la ciudad del sur es una tierra habitable y preceptible.
Si bien Pedro Nel Gomez planteó una canalización meandríca y remansada, la ciudad eligió esa “sola recta” rodeada de arterias. Los edificios fabriles de la ciudad sureña son ahora barcos varados en las orillas de un río sin muelle para caminar a su lado.
Sobre el ala oriental de Colcafé, un paradero de buses funcionaba al otro costado de la avenida sur. Hoy la Industria Colombiana de Café tiene su paradero junto a la fábrica; el de Colcafé es una casa: alrededor de las columnas, amarradas, los aires tibiamente podridos de falsa grandeza industrial, forman una pared gotelé con las cobijas.
Al llegar al puente de la cuatro sur, entre mangos y grandillos del monte, varias casas tienen sus cosas dentro y fuera de ellas. Una señora cuelga un cuadro del pueblo paisa en su hogar; no está en una pared: la casa no las tiene. Desde octubre, un arbusto de marañón estaba adornado por guirnaldas y bolas navideñas de indistintos colores. Además, una de las casas del sector optó por un techo ajardinado, ideal para la contención de inundaciones; otra tiene una dueña intolerante a vivir debajo unos árboles y se levantaba todos los días a barrerlas. Sin embargo, algunas casas se han transformado en focos de acumulación de basuras. Pueden parecer acumuladas por sus dueños. Otras por el río.
Mientras el río Medellín siga siendo una zanja común, invisibilizado por la altura de los puentes y visto como una limitación para el desarrollo de la ciudad, no podremos obtener beneficios de él. El río tiene memoria, y convierte su ribera en un lugar donde el tiempo no muere, solo por la razón de que no ha pasado.